lunes 12 de mayo de 2008

VISITA INESPERADA

© Ronald Castillo Florián


- ¡Hola!
- Esteee… hola
- ¿Qué tal?
- Aquí
- ¿Qué pasa, te sientes bien?
- Sí… sino que…
- ¿Qué cosa?
- Bueno es que yo…
- ¿Tú qué?
- Yo no sí deba…
- ¿Quéééé?
- Deba decirte…
- ¿Decir qué?
- Es que, te acabas de morir .

miércoles 30 de abril de 2008

COLOQUIO


©Ronald Castillo Florián


- ¡¿Porqué llegas recién?!
- Se demoro el bus
- ¡Sí, y ayer ayudaste a una abuela cruzar la calle!
- Es que…
- ¡Mañana será que viste un ovni...!
- Lo que pasa es…
- Y pasado que te secuestraron…
- Pero violeta, la verdad…
- Mira Carlos, ya me tienes harta con tu manía de llegar tarde a todas nuestras citas
- Pero no es porque yo quiero
- ¡Entonces!
- Siempre me pasa cosas inusuales
- Sí, como la semana pasada que te dormiste en el bus
- Eso fue verdad…
- Y te despertaste en el paradero final porque te pasaron la voz
- Es que estaba muy cansado…
- ¡¿Cansado de qué?! …bueno, cambiemos de tema
- Sí es mejor
- Trajiste lo que me prometiste
- Bueno…
- Bueno qué
- Es que yo…
- ¡¿Yo qué?... Lo trajiste o no lo trajiste
- Bueno… sí lo traje pero…
- Que pero ni que nada, ¡dámelo!
- No puedo
- ¡¿No puedes o no quieres?!
- No, no puedo
- ¡¿Por qué no puedes?!
- Me da vergüenza
- ¡Vergüenza!… no seas cholo y dame lo que me prometiste
- ¡Violeta no seas mala!
- No soy mala, ejerzo mi derecho
- No estoy seguro si deba…
- Me lo tienes que dar sí o sí, me lo prometiste
- Ok, ok… toma, pero confieso que me da…
- No te da nada tonto, ¡dámelo!
- ……………………………………………………
- ¿Qué pasa, te pones rojo?
- Ya te dije la vergüenza
- ………………………………………………….…
- ¿No te gustó?
- Sí, pero…
- ¿Qué?
- Es que escribes medio raro
- ¿Raro?
- Sí raro, raro
- ¿Cómo raro?
- ¡Raro pues, raro, o no sabes que es raro!
- Sí lo sé… pero a qué te refier…
- Aquí escribes como si fueras un loco
- De eso se trata el escribir, de ser loco
- Tal vez... pero por qué dices aquí…
- ¡No lo leas, no lo leas…!
- Es que es raro lo que escribes
- Sí, pero no me lo leas… me avergüenzo
- ¿Pero, porqué…?
- No sé… me pasa siempre
- Pero…
- ……………….
- Sabes mejor dejémoslo ahí
- Sí mejor
- ¿A donde vamos ahora Carlos?
- No lo sé, ¿qué has pensado?
- ¿Cuánto tienes?
- Con la justa mi pasaje de regreso y tú
- Mi pasaje y un sol más
- ……………………………………………………
- ¡Vamos a comer helado entonces!
- Pero solo tenemos un sol
- ¡Sí, compraremos un helado para los dos y nos sentamos en la escalera de la catedral!
- ¿Pero solo un helado?…
- ¡Sí y los dos comeremos juntos, un rato cada uno!
- Pero la gente…
- La gente mangos Carlos… además si nos miran no pensaran que estamos misivos
- ¿Sino…?
- ¡Que somos románticos!
- Jajaja… bien, vamos
- ¿Ah?
- ¿Qué cosa?
- ¡Sigue escribiendo esas locuras!
- Pero tú dijiste que…
- No importa lo que dije... a pesar de todo me gusta que digas que te quieres comer mi corazón.

jueves 24 de abril de 2008

ENTREVISTA AL GANADOR DEL CONCURSO DEL DIA DEL LIBRO IWITH.ORG

Hemos utilizado internet para conocer un poco más sobre Ronald Castillo Florián, el ganador de nuestro concurso de Libros 2008. El autor tiene ya experiencia en el uso de internet para difundir su obra y de hecho posee un blog que actualiza a diario.

Ronald Castillo Florián nació en Cañete-Lima, Perú, hace 29 años. Estudió Literatura en la universidad San Luis Gonzaga de Ica, Filosofía en ISET Juan XXIII y Teología en STUDIUM THEOLOGICUM en Brasil. Actualmente cursa estudios de Maestría en la UNE Enrique Guzmán y Valle en la mención "Didáctica de la comunicación".

Además del Príncipe Esquivo, tiene el poemario inédito “Demiurgo en agonía”; dos novelas y varios cuentos. Castillo es además editor con el poeta Leoncio Luque de la revista editada en papel y virtualmente, Trombosis Literaria. El Príncipe Esquivo fue publicado también en Casa Barbieri Editores 2007; al igual que su obra NO-SER, en Ediciones Gael 2008.

Toda esta labor académica y literaria además la ha ve complementada con las publicaciones en su blogg: http://www.sucuboescritor.blogspot.com/

-¿Cuéntanos de tu impresión al saber que habías ganado el Certamen Iwith.org?
El ser reconocido en un certamen es altamente valioso y gratificante. Sobre todo cuando éste ha sido decidido por lectores libres que deciden qué y cuándo leer.

- ¿Cómo se te ocurrió enviar un libro a nuestro evento?
Siempre visito las diferentes páginas web referentes a la literatura, y es donde conocí del certamen y sin dudarlo decidí enviar confiando en la sinceridad y transparencia del mismo.

-¿cuándo escribiste El Príncipe Esquivo y en qué te inspiraste?
Este libro fue gestado en dos etapas, una parte o el “borrador” en Brasil y su “retoque” o culminación en Perú. La inspiración nació a raíz de un comentario que escuché sobre las almas gemelas, y me pregunté qué pasaría si estas personas destinadas a estar juntas nacen en tiempos y épocas diferentes. Fue gracias a esta inquietud que comencé a escribir “Príncipe Esquivo”

- ¿has escrito otros libros?
He publicado otro libro titulado: NO-SER (Ediciones Gael 2008) Publico quincenalmente en mi blog:
http://www.sucuboescritor.blogspot.com/

-¿Descargaste algún otro libro de nuestro certamen?
Sí, leí cuatro obras del certamen, sobre todo –y es lo que pasa a cada lector- me dejé llevar por el título y la síntesis de cada obra.

- ¿Qué sabes de las nuevas tecnologías y de lo que llamamos brecha digital?
Brecha digital es un término relativamente nuevo, aunque separando las palabras puede esgrimirse un concepto. Me parece importante salvar esta brecha que existe en el mundo, acortar distancias, acceder a la noticia, conocer lo que sucede en el mundo gracias al Internet.

-¿Qué opinión te merece la iniciativa del Concurso?
En Perú los libros cuestan mucho por lo tanto son de difícil acceso, el Internet se ha convertido en un instrumento de interrelación escritor-lector y este concurso permite que muchas obras no se pierdan en el olvido.

24/04/2008
Erika Olavarria wittwer

miércoles 23 de abril de 2008

"PRINCIPE ESQUIVO"GANADOR DEL PREMIO IWITH.ORG DÍA DEL LIBRO

El Poemario obra de Ronald Franklin Castillo Florian, de Perú ha sido el libro más descargado en este certamen 2008. Hasta las 12 horas de este 22 de abril más de dos mil clicks intentaron acceder a alguna de las 23 obras colgadas en nuestra web. Agradecemos a los autores nuevamente por su confianza y generosidad, y a los lectores por creer en la iniciativa.
Hoy celebramos el día Internacional el Libro; en Catalunya, la Diada de Sant Jordi, y en Iwith.org anunciamos al ganador de nuestro concurso en homenaje al libro.

El Príncipe Esquivo, un poemario digno de ser escenificado, donde los personajes se cruzan como fantasma en los lectores se ha hecho acreedor del Premio al libro más descargado en esta segunda edición del certamen. Se trata de una obra que intenta romper el drama existencial de dos seres separados por el destino y que a través del mismo se esperan.

Una gran cantidad de libros llegaron respondiendo a la convocatoria. De ellos, 23 fueron seleccionados para ser publicados en nuestra web. Desde principios de mes y hasta hoy más de 2 mil personas han hecho click para descargarse alguna de estas obras.

Agradecemos a los escritores por apoyar esta iniciativa que subtitulamos como "Libros para superar la brecha digital". Y también agradecemos a los lectores que han aceptado el desafío de obtener su material de lectura desde una pantalla de ordenador.

Las obras del certamen permanecerán en nuestra web para vuestras descargas. Así que ¡ponte las pilas, que aún tienes tiempo para leer!


22/04/2008
Erika Olavarria wittwer

lunes 24 de marzo de 2008

TEST


© Ronald Castillo Florián


Prometí odiarla para siempre. Nunca imaginé que me haría tal cosa, fue tan humillante que hasta ahora no me repongo de aquella afrenta. Siempre viví enamorado de Diana, es la criatura más hermosa/diabólica de este mundo. Me la presentó un amigo de la universidad y tanto amor no podía ni sabía como contener y al parecer ella no me era indiferente.

Un día la invité al cine y en el trayecto le enarbolé estratagemas para cambiar el rumbo, ella extrañada finalmente aceptó ir a la playa para ver el ocaso. Buscamos el lugar idóneo, caminamos, reímos, gritamos, hasta que el lugar soñado apareció a nuestra vista. El clima era cálido, soplaba una brisa fresca, el mar entonaba su mejor melodía, todo confabulaba para mi gran declaración.

Cuando quise abrirle mi corazón, ella me dijo:
- Un momento Junior Pandolfi, ya sé lo que me quieres decir.
- ¿Sí? ya lo sabes –le dije emocionado-
- ¡Sí!, siempre lo supe.
- Ay Diana –dibujándole mi rostro enamorado- yo tengo tanto…
- No lo digas, antes quiero que hagas una cosa.
- ¡Claro! claro que sí, por ti todo –le dije emocionado-

Entonces sacó de su bolso lápiz y papel, me lo dio diciéndome:
- Dibuja una persona y escribe debajo en pocas líneas la historia de ese personaje… ¡ah! y no preguntes nada.

Me pareció extraña esa petición, pero con tal de tenerla a mi lado lo hice. Dibujé un hombre en mitad de la hoja, y en la otra mitad escribí el siguiente texto: Este hombre no vive si no tiene tu amor. No es él si no le das su identidad. Este hombre solo sabe respirar el aliento de tu boca. Este hombre tendrá vida si tú lo dejas vivir.


Al entregarle la hoja, ella se quedó contemplándolo, lo miraba tanto que yo imaginaba que no necesitaría hablar más. Después de su meditación me miró, sonrió apenada y me dijo:

- Psicológicamente no estás capacitado para estar conmigo. No te apruebo. Busca otro lugar donde postular.

Nunca supe que había visto en el dibujo, pero desde ese día, cuando me presento a un trabajo y me piden que dibuje a un ser humano, salgo corriendo por el temor de ser rechazado una vez más.


-FIN-

viernes 7 de marzo de 2008

EL ESCRITOR

© Ronald Castillo Florián
Rocío:

Antes de salir a nuestra cita me llamaron por teléfono, no sé quien era, pero una voz tétrica me informaba de tus aventuras nocturnas donde yo no participaba. Tal vez resulte extraño que alguien sin nombre se atreva a describirte como si te conociera. Aquella voz solo hablaba y hablaba y no preguntaba nada sabiendo que yo le prestaba atención y la verdad en ningún momento se me ocurrió colgarle.
Sé que no soy nadie para juzgarte ni reprocharte nada, siempre haz vivido alejada de mí, y cuando nos encontramos es solo para comentarte de las clases que tuvimos en la universidad o para darte mis tareas. Hoy no es la excepción, tengo la obligación, y lo digo así sin más ni más, de entregarte el trabajo final que presentaremos mañana. No sé por qué aquel sujeto me llamó para informarme de tus amantes y de tus encaprichadas formas de hacer el amor. Rocío, no me tomes a mal, a pesar de solo ser tu juguete cognitivo, aquellas palabras me han herido profundamente, he sentido el corazón desgarrado pues siempre pensé que eras una muchacha triste, medio bohemia, pero amante de la soledad como yo. Hoy, y el tipo fue tan detallista, he confirmado lo que muchos me dijeron, solo me usas para tu conveniencia y eso no me parece justo. Aquella voz después de informarme todo con lujos de detalle me dijo: “ahora mierda no vayas a llorar” como sabiendo de mi facilidad para el llanto. Pues, fíjate Rocío que no he llorado solo me he tirado de los cabellos alucinando todo lo que me han comentado.

Te envío el trabajo terminado con mi hermano. Yo me he quedado aquí escribiendo una novela con tu nombre y unos versos con tu cuerpo, no tengo más que hacer… solo enarbolarte más alto porque aún existes en mi imaginación. Amén.

jueves 21 de febrero de 2008

ESPECTRO

©Ronald Castillo Florián

Nunca había visto algo igual, en toda mi vida juro que nunca vi algo parecido. Esa noche me quedé tan sorprendido con aquella imagen que desde ese momento no dejo de rezar antes de dormir. Fue algo extraordinario, fuera de lo común. Siempre regreso de trabajar a las ocho de la noche, hora habitual donde todo el mundo se dirige a su casa para descansar. Ese día tuve la mala suerte de salir media hora tarde, salí hecho una furia porque debía de sacar unas copias y la maldita maquina se había trabado.

No sé porque pero ese día todos salieron temprano, nadie se quedó en la empresa, cosa rara pues siempre había alguien que se quedaba. El lugar estaba invadido por un silencio sepulcral, la ausencia de personas y el sonido del silencio me escarapelaban el cuerpo, esa misma sensación lo había sentido solo una vez cuando era niño y había ido a visitar a mi abuelo que se había convertido en un tipo solitario a raíz de la muerte de mi abuela, le gustaba estar casi a oscuras, solamente alumbrado por una mísera lámpara que más parecía una vela.

Recuerdo que al ingresar a su casa un aire pétreo estaba en el ambiente. Encontré a mi abuelo sentado en su sillón de lectura, lo saludé pero no me contestó, entonces recordé que cuando él leía se concentraba tanto que tenía que gritársele para que despierte. Fui directamente a su lado, estaba leyendo a Edgar Poe: entierro prematuro. Me quedé contemplando al viejo, su imagen adusta y senil me inspiraban compasión. Me dio pena al notar que mi abuelo ya no leía, que sólo cogía el libro y fingía disfrutarlo, retiré el libro de sus manos diciéndole: yo te leo el cuento abuelito, pero no me contestó, aunque en su silencio me dijo que sí, que le leyera el cuento, que él escucharía todo, que lo disfrutaría como en su tiempo de juventud donde devoraba libros sin compasión, sí léeme no solo ese cuento, léeme todos los cuentos del mundo parecía decirme, y entonces empecé la lectura. Tuve que hacer mucho esfuerzo para leer, ya que la luz tenue me lo imposibilitaba. Aquel cuento a medida que iba avanzando me inspiraba miedo, me imaginaba el suceso y un frió necrófico se me apoderaba. Al terminar la lectura, cerré el libro, y le pregunté si quería que le siga leyendo, pero no me contestó, entonces, lo abracé y me di cuenta que estaba helado, me acerqué a su rostro y noté que sus ojos estaban abiertos e inmóviles, el viejo se había muerto y yo ni cuenta me había dado. Lo demás es historia sabida. Aquella anécdota solo lo narré una vez pues me daba miedo el imaginar que había dialogado con un cadáver. Pero esa noche, al salir del trabajo esa misma sensación estaba en mí. Por eso caminaba raudo y parecía que el camino no tenía fin.

Respiré casi tranquilo cuando divisé la puerta de salida, metí mis manos al bolsillo y las malditas llaves no estaban, recordé que por la rapidez las había olvidado, teniendo que regresar nuevamente a mi oficina. No quería hacerlo ni mucho menos darme media vuelta, sentía que si lo hacía me moriría en ese instante. No tenía otra alternativa, pues la hora avanzaba y el pánico se apoderaba cada vez de mí. Me persigné devotamente, di media vuelta, todo estaba oscuro y de pronto ahí estaba ELLO trayendo las llaves, se fue acercando poco a poco, y las dejó en el suelo, no sabía si recogerlo, no sabía qué hacer, el miedo me había dejado mudo.

Conforme se acercó, se alejó, parecía que solo me había traído las llaves, pero el mutismo, y la inmovilidad no se me quitaba, a pesar de la oscuridad del lugar logré verlo, cuando desapareció, recordé nuevamente a mi abuelo, lo recordé aunque no sabía si era él u otro ente, lo recordé y le prometí que lo visitaría en el cementerio, que no sería mal nieto, que rezaría todas las noches, pero que por favor no me asuste nunca más.
-FIN-

jueves 14 de febrero de 2008

HIJO

© Ronald Castillo Florián

Gael
criaturita de Dios
amor sin límite
vida hecha vida
realización de un cariño

Gael
mis momentos ya no son míos
ni mi tiempo será mi tiempo
ni mi suspiro mi suspiro
a partir de ahora
mi vida se centra en tu vida
en tu llanto en tu risa
en tus esperanzas en tus sueños
todo mi sendero ya no es sendero si no estás conmigo
todo lo que tengo ya no es mío
nada tengo ahora
y lo tengo todo contigo

Gael
mil veces siempre será mi vida la tuya
y me consagro desde ahora a nuestro tiempo
al tiempo que viviremos juntos
hasta que te deje de acompañar
pero a pesar de eso
siempre estaré contigo
y tú vas a estar conmigo
porque yo soy tú
tú eres yo
y nosotros siempre estaremos así

Gael Hijo
tú eres mi H I J O

lunes 11 de febrero de 2008

CONVERSIÓN


©Ronald Castillo Florián


Esa día desperté como nunca antes, a las 5 de la mañana, hora extraña e inexacta para mi acostumbrado despertar diario. Suelo ser un tipo dormilón que se acuesta a muy altas horas de la noche y consecuentemente se levanta tarde. Pero ese día fue algo insólito que ni yo me lo creía al punto de pensar que estaba soñando. Lo cierto era que no tenía sueño y sentía unas ganas enormes de tomar un libro y quemarlo, pero no sabía cuál ni por qué.

Aquella sensación pirómana lo tenía tan a flor de piel que me tenía tembloroso en mi cama, no quería levantarme porque quería dormir, y jamás en la vida se me había cruzado en la mente quemar un libro, por más malo que sea, por más vil, por más hereje un libro no merece ser quemado sino más bien sus autores –analógicamente hablando- por eso aquella sensación estúpida de levantarme y prender fuego un libro me tenía asombrado que me resistía a tal evento demoníaco.

Me sentía intranquilo, ansioso, me agarraba fuerte del colchón, daba vueltas y dentro de mí me repetía ¡jamás lo haré, no lo haré! Pero esa fuerza inefable cada vez se atenuaba que no sabía si llegaría a resistir. Como en toda lucha siempre hay un perdedor, no pude más y decidí rendirme, me levanté de un brinco, me puse un polo y me dije: ok, iré a quemar el libro. Descendí las escaleras de mi cuarto, aquella fuerza extraña me conducía, y en vez de llevarme a la pequeña biblioteca de mi casa me llevó a la cocina, me hizo tomar un fósforo y me condujo nuevamente a mi cuarto. Qué extraño me dije, por qué voy a mi cuarto, tal vez porque el libro está ahí me respondí, es increíble caminar guiado por algo sobrenatural pero yo me dejaba llevar para acabar de una vez con esa payasada.

Al llegar a mi cuarto me dirigí inmediatamente a mi escritorio, me senté y de la ruma de libros que tengo comencé a escoger el que tendría que morir. Buscaba y buscaba con tanta desesperación que me ponía nervioso, hasta que lo encontré, era un libro relativamente nuevo, poco leído, no famoso, color anaranjado, de poemas no muy logrados, un libro joven que la fuerza literaria –o qué sería- me obligaba a destruir.

Observé bien el libro y al reconocerlo me asusté mucho, aquel libro era mío, uno que había publicado recientemente y que no tuvo difusión, un libro escueto pero mi hijo al fin y al cabo y esa fuerza extraña me obligaba a prenderle fuego, antes de eso, sentí unas ganas enormes de volverlo a leer, lo coloqué encima del escritorio, lo contemplé silenciosamente, parecía dormir y mis manos hábilmente encendieron un fósforo dirigiéndolo a mi cabeza. Me asusté mucho pero esa fuerza tremenda me obligaba a quemarme, luché conmigo mismo y el fósforo parecía no agotarse.

No quise luchar más, me encendí la cabeza y mis pensamientos se fueron disgregando de a pocos, después de ese evento, he comenzado a escribir puro fuego, solamente fuego que ya no se apagarán jamás.

-FIN-

sábado 9 de febrero de 2008

NADIE


©Ronald Castillo Florián

Sólo lo vi una vez en la vida, pero fue suficiente para no olvidarlo jamás. Él era enjuto, lacónico, animal, grasiento, grosero, enano, feo, y sobre todo un can humanizado que respondía al nombre de Nadie.

Fue una tarde de invierno más o menos a mediados del mes de noviembre que se cruzó en mi camino. Yo estaba en procura de algún restorante donde poder tomar una buena taza de café caliente para aplacar el frío demencial, y él, no sé que hacía por ahí. Yo llevaba en mis manos la obra completa de San Juan de la Cruz. Percibí que me observaba con su mirada de fuego, pero no le hice caso pues sabía que se trataba de un loco más, unos de tantos como yo.

Encontré un restaurante media hora después de vagabundear, me senté y pedí un café muy cargado y súper caliente. El mozo no demoró en traerlo y me preguntó si quería algo más, le dije que por el momento no, respuesta que le disgustó pues por un café no se deja propina. Con el café casi hirviendo a mi lado, disimuladamente saqué la pequeña botella de ron que siempre cargo y lo vertí en la taza caliente de manera discreta, celosa y cuidadosamente, para que nadie se dé cuenta. Una vez colocado aquel néctar (al menos para mí lo es) procedí a guardar mi botellita con el mismo celo con que lo había sacado. Perdí la visión del lugar por tres segundos, y cuando volví a mi realidad me di cuenta que aquel tipo estaba frente a mí, bien sentadote, mirándome emocionado y con un cigarro apestoso en la mano. Disimulando mi asombro le dije: “quién diablos eres”; él con su seriedad animalesca me dijo que era Nadie y que estaba ahí solo por una cosa. Yo rápidamente le dije que se estaba jodiendo porque no tenía plata, que perdía el tiempo.

No quiero nada de ti, me dijo seriamente. Entonces qué quieres, porque estás aquí, le respondí molesto. Aspiró con placer la última parte de su cigarro y luego, hábilmente, quitó el papel de la colilla y la comenzó a masticar como chicle. No pretendo nada de ti, me volvió a decir, no pretendo nada de nadie. Sólo estoy aquí por una cosa.

Yo seguía sin entender qué es lo que quería, miré a ambos lados, el mozo parecía no percatarse de aquel extraño, las demás personas hablaban y bebían tranquilos. Qué quieres le dije. Sólo quiero que me leas un poema de San Juan de la Cruz, sólo eso. Me sorprendí de aquella petición, me quedé mirándolo y pensando en cómo un “animal” podía conocer a tal insigne poeta; léeme un poema por favor, diciéndolo esta vez con una voz infantil y con un brillo en los ojos que deslumbraban emoción. Ante aquel pedido yo no podía hacer caso omiso, entonces abrí el libro al azar y salió el poema: “Un Pastorcito” Lo recité (leí) como si la conociera desde siempre y una vez terminada la lectura, bajé el libro lentamente, lo coloqué en la mesa y vi que aquel visitante inoportuno estaba mirando concentrado algún lugar inexistente, luego me miró fijamente, y me dijo:

- ¡Esa es mi historia, esa es mi historia!.
Se levantó despacio y se fue repitiendo esa frase. Me quedé sorprendido por aquel cuadro, cogí la taza de café:

- ¡Mierda se enfrió esta vaina, ese loco tiene la culpa!.

Me levanté molesto, y decidí irme del lugar, el mozo vino hacía mí pidiéndome que pagara el café, yo furiosamente le dije que no pagaría por algo frío y me fui echo una bestia sin saber por qué.

-FIN-

lunes 21 de enero de 2008

¿___________?


© Ronald Castillo Florián

Hoy -no importa la fecha- pero hoy después de muchas hojas caídas y de tantos tropezones, me he decidido a escribir no sé qué cosa, pero a escribir algo que en el fondo calmará estos demonios que me perturban la existencia desde que tengo uso de razón, y eso hace mucho…

El letargo fue porque me detuve a leer sin descanso: manifiestos, pasquines, revistas, novelas, páginas web, hojas sueltas, etc en procura de ese no sé qué inspirador y así reflejar algunas líneas como ésta que nace sin tener una idea previa y que surge por el simple hecho de comunicar hasta lo que yo ignoro.

También fue imperativo las tantas mentiras que fui respirando el año pasado y que en cierto modo me exhortaban a claudicar de esta enfermad escribana, NUNCA PUBLICAR NADA porque las empresas editoriales de buen gusto ya tienen un estudio previo de mercado y saben qué producto registrar como bueno –¿será un filtro confiable?- por lo tanto un amante de la buena lectura y un neófito escriba como yo, solo debe remitirse a quedar relegado en la silla de espera que nunca avanza, anclarse junto a sus hijos, mirar al cielo, resignarse a ser perdedor y a seguirse mintiendo… ¡el mundo no es una joda!

Son tantas las trabas y las heces con las que se debe enfrentar un escritor que francamente seguir con esta idea es declararse padre de la locura.

Son tantas las opiniones y las malas voluntades que se derraman ante un escrito que hay que estar demasiado hipnotizado en nuestro buen quehacer para seguir levantando ese blasón alfabético que es al mismo tiempo nuestra vida y muerte.

Son tantas las lluvias inquisitivas de seudos críticos literarios que lo único que buscan es lisonjear a empedrados fanáticos que anquilosados a su pluma se hacen reflejar como eximios siendo simples sombras e imitaciones de autores consagrados.

En fin, son tantos los argumentos detonantes que se cruzan en nuestra vida que verdaderamente soñar en literatura ya no es una utopía sino un imposible.

Pregunta: ¿seguiré vivo?
Respuesta: respiraré hasta donde pueda.

jueves 13 de diciembre de 2007

¿Loca?

© Ronald Castillo Florián

Aún lo recuerdo, me había quedado dormido plácidamente en la sala de mi casa. Había acomodado el sillón de tal manera que estaba tan cómoda que parecía mi cama. Eran como las diez de la mañana, estaba a punto de salir y de súbito un sueño tremendo me invadió y sin mediar nada me acosté sin importarme que en ese momento esperaran por mí en el centro de Lima.

Aún lo recuerdo, entre sueño escuchaba a mi madre entrar y salir de la casa, primero para hacer su ininterrumpida limpieza del frontis del hogar para después terminar en la sala. Por suerte mía ella respetaba mi sueño y realizaba su labor sin hacer el mínimo ruido. Luego, al terminar la limpieza se fue al mercado, mientras yo seguía tirado roncando deliciosamente en ese vetusto sillón que conozco desde que era un bebé.

No me importaba nada que María Liz estuviera esperándome en la plaza de armas, habíamos quedado justo al frente del palacio de gobierno con el severo castigo de quien llegase segundo tendría que comprar un helado. No me importaba que justo a esa hora hubiera salido un sol inclemente y que ella estuviera sentada solita en medio de la plaza aguantando el calorón que le enfermaba su piel porque es blanca como la leche. Siempre me había gustado María Liz, primero porque su nombre me parecía exótico, segundo por su extrema delgadez que unido a su cabello negro largo, le daban una combinación de sombrío reflejo que me asustaba y me excitaba al punto de sentirme atraído antes de siquiera haberla conocido. María Liz estudió filosofía y se cree poeta, yo estudié literatura y juntos hacíamos de las más terribles opiniones un coloquio tan ameno que terminábamos hasta mentándonos la madre con tal placer que acabábamos extasiados por tremendo dialogo. María Liz también tenía una manía al igual que yo, nunca llegábamos tarde, pero aquel día, un sueño abismal me había capturado olvidándome por completo que ella me esperaba sentadita en la plaza de armas, muriendo de calor, esperando su helado y maltratando su piel.

La cita había sido pactada para las once de la mañana, yo desperté a las doce y media o mejor dicho mi madre me despertó preguntándome si quería almorzar. Cuando abrí los ojos no recordaba nada, me senté somnoliento bostezando y refregándome los ojos, entonces la imagen de María Liz me invadió el cerebro adormeciéndolo de miedo que grité su nombre al tiempo que me alistaba para ir a su encuentro. Entonces sucedió, sonó mi celular, presuroso lo contesté y no había nadie al otro lado, grite y grité y nadie me contestaba. Seguí apresurando mis cosas para salir volando y volvió a sonar el celular, esta vez en la pantalla salía el nombre de BEBITA –apelativo que había puesto a María Liz para saber cuando ella me llamaba- pero nuevamente nadie contestaba, ya pues María Liz dime algo, le suplicaba, y el silencio seguía en el otro lado hasta que me colgaron. Salí presuroso de mi casa y mi mamá intrigada me preguntó para donde iba y no tuve tiempo ni para responderle. En el camino mi celular volvió a timbrar pero ella no me contestaba yo como sabía que me escuchaba le pedía perdón por mi falta y le rogaba que me espere. Así me tuvo todo el camino, me llamaba y no contestaba y yo seguía rogándole su perdón y esbozando disculpas de todo tipo. Llegué media hora después, fui corriendo a la plaza de armas, no sin antes comprar un helado súper especial a modo de paga por mi error, cuando llegué a la plaza encontré un montón de gente al frente del palacio de gobierno, todos conversaban y renegaban, no entendí que sucedía pero me acerqué pues estaban en la banca acostumbrada donde María Liz y yo nos esperábamos.

Tanta gente me intrigaba, me metí por en medio y ahí estaba María Liz, hablando fuerte, anunciando no sé que cosa pero llamando la atención del público, me miró, me saludó tímidamente e interrumpió su discurso, la gente al ver que ella no decía nada se dispersó, entonces le pregunté qué es lo que estaba sucediendo mientras le entregaba su helado, y ella me respondió que no lo entendería. Quise respetar su silencio pero la intriga ya estaba sembrada en mi mente.
Entonces le increpé el por qué me timbraba al celular y no contestaba y me volvió a decir que tampoco lo entendería. No supe si molestarme o seguir respetando su silencio, pero ella al notar mi tristeza me dijo:

- ¿Sabes porque no te quiero decir lo que estaba sucediendo?
- ¡no, no lo sé! –dije triste esperando me contara-
- Porque esperar me jode la cabeza y tenía de alguna forma hacer algo mientras tú llegabas.
- ¿Qué? –pregunté extrañado-
- Por eso mismo digo que no lo entenderías.



-Fin-

lunes 12 de noviembre de 2007

EL REFLEJO



© Ronald Castillo Florián

No podía creerlo, estaba justamente frente a mí, delante de mis ojos, casi casi en mis brazos… Siempre lo había soñado, siempre fue una obsesión, siempre fue un deseo universal encontrarlo, mirarlo, y suavemente tenerlo en mis brazos.

Fue un día de agosto, aproximadamente a las tres de la tarde, yo estaba con sed y cansado de tanto caminar dejando mi currículum en varias empresas donde puedan solicitar mis servicios. Lo recuerdo bien, yo estaba por la plaza San Martín, exhausto, perplejo, y conchamadreando a todo el mundo porque la sed y el cansancio me estaban desgraciando la vida.

De pronto, en una de esas apoteósicas ventadas de madre que daba a los transeúntes (mentalmente claro está) lo vi aparecerse -¿o fui yo quien me le aparecí?- pero lo cierto es que ahí estábamos los dos, frente a frente, pico a pico, nariz a nariz, pechito a pechito, lo miré, me miró, le moví las cejas, alcé las manos, estornudé, y él hizo lo mismo, quién diablos eres, me preguntaba en silencio, quién diablos eres, me volvía a decir, y al instante mi cerebro (que nunca para ocioso) me respondía que era aquello que yo buscaba desde hace muuuucho tiempo, pero; qué era aquello, volvía a preguntarme y mi cerebro una vez más (es que el truhán es tan acertado) volvía a responder que era aquello que necesitaba. Estuve un buen rato parado frente a él, un rato eterno, un rato ratísimo (en verdad un minuto pero que para mía era toda una vida), y ya cuando estuve cansado –un minuto vale horas- estaba a punto de hacerle frente, y en eso apareció otro tipo, éste era distinto, con barba, feo, mal vestido que me dijo de inmediato:

- ¿lo va a llevar o qué?

Lo miré asombrado diciendo: ¿me lo tengo que llevar?
- Claro que se lo tiene que llevar –respondió enojado- Pero antes me tiene que pagar.

Fue entonces que entendí, la cachetada de la realidad vino a mí, metí la mano al bolsillo y sólo tenía ochenta céntimos (precio del medio pasaje) y le dije:

- No necesito por el momento el espejo.

Mi me fui triste porque en verdad sí lo necesitaba, solo que no tenía dinero.
-FIN-

sábado 29 de septiembre de 2007

LA VISITA


© Ronald Castillo Florián

Lo supe después que se fue de mí. Sucedió así sin más ni más un día cualquiera. La noche anterior yo había llegado tarde y muy cansado del trabajo, en el camino estaba renegando porque la maldita combi demoraba deteniéndose en cada paradero, yo no pude contenerme y muchas veces recriminé al conductor, éste para callarme me decía que si estaba apurado me baje y tome un taxi.

Esa noche había llegado a mi casa hecho una furia, estaba tan molesto y cansado que sin mediar nada me dispuse a dormir no sin antes prometerme que al día siguiente mandaría al diablo cualquiera que se atreva a molestarme.

En la mañana, al despertar, estaba esperándome, no sé si toda la noche o acababa de llegar, lo cierto es que estaba delante de mí. Cuando se percató que yo despertaba, raudamente como predestinada se posó en mi cabeza, me dio tanto asco que de un movimiento la espanté, pero ésta al parecer quería estar conmigo que volvió a posarse, una y muchas veces la ahuyenté pero ella terca regresaba, finalmente tuve que dejarla porque se me hacía tarde para ir a trabajar. Todo el camino me acompañó, no me dejaba libre, por momentos la olvidaba y por otros me daba mucha cólera, pero no podía detenerme en cojudecitas pues sabía que tarde o temprano debía abandonarme.

Así estuvo todo el día, terca, libidinosa, maldita, detestable, angurrienta, abusiva, asquerosa. Regresé a casa echando tantos diablos que no tuve ganas de cenar. Me alisté para dormir y ella, por fin, salió de mi cabeza, se puso frente a mí, me miró y se fue. Me quedé pensando el por qué de la visita de aquella mosca, el porqué de su compañía todo el día; y justo antes de dormir lo entendí:

- ¡Lo que pasa –dije sabiamente- es que todo el día estuve pensando cochinadas!


-Fin-

lunes 24 de septiembre de 2007

AQUELLA MUJER, AQUELLA MISTERIOSA MUJER

© Ronald Castillo Florián

Ahí estaba ella, me parecía conocerla de algún sitio, yo sentía esa extraña sensación que se tiene cuando crees reconocer a alguien y no sabes quién es, ese sentimiento que te pasa por la cabeza cuando vez a una persona que creíste ver antes pero que no logras reconocer. Ahí estaba ella sentada en el parque, y yo a cinco metros observándola, tratando de sacar del baúl de mis recuerdos su imagen. Ahí estaba ella casi llorando, triste, mirando un horizonte que en realidad no miraba, y yo a cinco metros preguntándome: de dónde la conozco.

Me quedé un buen rato mirándola, ella parecía no notar mi presencia, es más ella parecía no estar en este mundo, sus ojos miraban un punto fijo que la hipnotizaba, que la abstraía y del cual parecía no querer salir. Yo por mi parte, hacía esfuerzos para saber quién era, pero mi mente era tan débil que ningún vestigio de conocimiento me daba. Quise darme media vuelta, seguir mi camino, quise alejarme porque tal vez había sido una especie de casualidad, tal vez en realidad no la conocía y tendría algún parecido con alguien que conozco y por ello la confusión. Ella inmutable, seguía observando al horizonte, parecía una estatua humana, parecía un muñeco sin vida que se quedó sentado a la espera de que alguien le dé movimiento, entonces me decidí, tendría que acercarme de una vez por todas para saber si la conozco o simplemente me equivoqué. No tenía nada que perder, si no llegaba a reconocerla me retiraría con una disculpa, seguiría mi camino y me iría sonriendo por lo tonto y la mala pasada que me hizo mi mente.

Ahí parado, mirándola, tratando de imaginar algún dialogo di el primer paso, fue el paso más largo de mi vida, fue el más extraño y pesado, era un sufrimiento acercármele, era una fuerza extraña que me impedía avanzar, pero no me inmutaba, tengo que avanzar me decía, tengo que avanzar para saber quién es esa mujer que creo reconocer. Al principio pensé que era parte del nerviosismo, pensé que era mi incapacidad estúpida que siempre me gobierna, pensé que era parte de mi timidez que me hacía sentir miedo de estar a su lado, pero ya estaba decidido, ya estaba animado, ya estaba con ánimos y nada ni nadie me harían cambiar esa decisión importante.
Ella sólo miraba al horizonte, concentrada en su pensamiento, concentrada en su vida sin importarle nadie más, sin importarle que a cinco metros hubiera un tonto que estaba dispuesto a jugarse la vida con tal de saber quién era, con tal de saber si la había visto en algún lado.

El segundo paso fue más difícil aún, fue doloroso, trágico, devastador, sentía que cada esfuerzo que hacía me arrancaba las entrañas, sentía que en cada intensión tenía menos aire, pero ya estaba decidido y no volvería atrás.

A pesar del sufrimiento, y de las lágrimas me propuse no detenerme, estaba tan cerca, tan lejos, que no me rendiría, sentía como si mis piernas fueran dos muros de concreto, sentía como si mis piernas fuesen dos pesadas rocas ancladas al suelo y que ésta no estaba dispuesta a soltar, sentía que se me iba la vida en cada paso pero estaba listo para ofrecerla con tal de verla de cerca y así resolver ese misterio de quién es ella. Ya para el quinto paso una extraña sensación me empezó a invadir, un sudor frío, inefable, caluroso, angustioso, me empezó a abordar el cuerpo, una sensación que me decía: date vuelta, regresa, no avances más, te costará la vida llegar a ella; pero si ya estoy a un paso, pero si ya estoy tan cerca, y lo decidí ahí mismo, aunque me juegue la vida, aunque muriera en el intento, ese día, a esa hora, en ese lugar resolvería el misterio de esa extraña mujer sentada en el parque que mira al horizonte y que no se percata que muero por reconocerla.

Hasta que finalmente, con mucho esfuerzo, casi muriendo, agonizando, desangrándome pero con alegría de haberlo logrado llegué a su costado, me senté a su lado, pero ella seguía inmutable, seguía concentrada en su pensamiento, no sé dio cuenta que yo estaba sentado a su lado, observándola, mirándola, atrapándola, sufriéndola, recordándola… me quedé así, hasta que decidí hablarle, me atreví a romper su concentración, violenté su silencio, tal vez no me lo perdonase, tal vez , tal vez, tal vez, mi vida siempre había sido eso, puros tal vez, malditos tal vez que me impiden tomar decisiones, estúpidos tal vez que me frenan y me cagan la vida, tontos tal vez que al igual que mi vida se bifurca al no saber qué hacer, porque esos tal vez siempre estaban cerca de mí, en mis labios, en mi lengua, en mi cabeza. Hola, le dije nervioso, creo que te conozco; entonces ella, pareció salir de su trance, me había escuchado, la había interrumpido, volteó para verme y en el instante que lo hacía, la reconocí, era aquella mujer que desde hace siete años me roba el pensamiento, aquella mujer que desde hace siete años mi corazón solo late por verla, aquella mujer que desde hace siete años suspiro y por culpa suya mi vida no tiene sentido. Volteó a mirarme, yo me quedé asombrado, no dije nada, cerré los ojos dos segundos y cuando los abrí, ya no estaba, había desaparecido, se había hecho humo. Sorprendido por esa experiencia me levanté y seguí mi camino, pensando qué había pasado, por qué se había ido, entonces lo entendí, era su recuerdo el que me visitaba, era su recuerdo que no se había querido borrar de mí.


-FIN –

lunes 17 de septiembre de 2007

NO SÉ NADA

© Ronald Castillo Florián


Esbozado en Ica


Decir “no sé nada” en este tiempo no es utopía, ni mucho menos sinónimo de ignorancia. No se trata de ser retórico ni un pobre "inculto" de la sociedad, es sólo reflejar lo que se está viviendo en nuestro contexto actual.

Lo sorprendente es que cada vez son pocas las personas que reconocen aquella sapiencia de ignorar lo que no se sabe, ya que el común regulador del mundo dice saberlo todo. Si algo ignoras simplemente eres un don nadie, por ello muchos de nuestros amigos, familiares, vecinos, personas vinculadas a nuestro entorno y también aquellas que desconocemos, cada vez más, dicen que lo saben todo o casi todo aun si saber si es cierto.

En este momento decir “no sé nada” es una gran valentía universal, porque cada vez la ciencia descubre cosas nuevas, tanto así que los conocimientos previos quedan caducos. Por ello decir “no sé nada” no me da miedo, temo decir que lo sé todo, porque después cuando alguien me pregunte de uno u otro tema me daré cuenta que sé todo sin saber nada y así me perderé viciosamente en la retórica fantasiosa del saber todo sin saber nada, por eso, al aceptarlo lo declaro.... ¡No sé nada! aquella frase me abre al conocimiento universal.

jueves 13 de septiembre de 2007

EL "MOCHO"

© Ronald Castillo Florián

Para Mamilla

Esa tarde había salido a caminar a orillas del río para despejar la mente. Fue una tarde sin alegrías ni tristezas, simplemente una tarde como cualquier tarde donde los sentidos solo tenían ganas de descansar.
Estuve caminando sin rumbo contemplando estepas sin importarme nada a cambio. De pronto lo escuché, lanzaba un grito lastimero, de dolor, de hambre, de soledad, un grito que nunca antes había oído. Presuroso comencé a buscarlo entre los matorrales y no lograba hallarlo, el grito parecía que provenía de todas partes pues era tan aterrador que el universo lloraba junto a él.
Seguí buscándolo y al parecer nunca lo encontraría, me detuve un momento para concentrarme y dar con el lugar exacto del quejido pero nada, todo el lugar estaba lleno de dolor y cualquier parte emitía su llanto. Exhausto por la búsqueda me había dado por vencido cuando de repente, sin mediar llanto alguno, reinó el silencio. Me asusté pues creía que todo lo que había escuchado había sido producto de mi imaginación, pero para mi sorpresa después de esa leve soledad, entre el mato agreste y seco, salió él, débil, enjuto, mendigo. Me miró y como si me conociese, empezó su llanto triste, el más triste que había escuchado en mi vida, no pude contenerme que lloré con él. Me le acerqué con lágrimas a flor de piel, me le acerqué pues sentía que necesitaba de mí y que yo era su salvación. Cuando lo tuve cerca, su aspecto me horrorizó, me dio lástima y compasión, estaba muy flaco, hacía días que no comía, y para su mala suerte una herida le acompañaba, una herida que le supuraba dolor en cada instante, una herida mortal que algún maldito le había provocado.
Desde esa tarde y todas las tardes, a la misma hora, me dirigía al río para llevarle sus alimentos, desde esa tarde y todas las tardes mi vida se ató a su dolor queriéndole sanar sus heridas y calmarle su sed de paz. Desde esa tarde y todas las tardes, mi madre me miraba sospechosamente porque esa religiosidad de salir siempre a la misma hora le extrañaba tanto que no se pudo contener y me increpó a dónde iba siempre con el mismo ahínco y con una bolsa en la mano. No recuerdo que estratagema le inventé pero a mi parecer ello le había convencido.



II
Ya era mi rutina diaria visitarlo después de mi almuerzo, le llevaba su alimento y cariño para que no se sienta solo. Él vivía agradecido y me manifestaba su agradecimiento con una mirada tierna que no puedo explicar.
Un día, mi madre no se contuvo la curiosidad, y me siguió en secreto, yo estaba concentrado rogando que él no se haya ido pues me había demorado porque en casa tenía que terminar algunos deberes. Para mi suerte, él estaba ahí, había asistido a la cita y aunque serio al principio se alegró cuando me vio llegar y no pudo evitar sonreír. Le saludé como de costumbre, y empecé a servirle su alimento. Mientras almorzaba yo lo contemplaba y me sentía feliz de ayudarlo, entonces:

- ¡Con que por eso sales todas las tardes, con que por eso sacas alimento y vienes presuroso!

Di un brinco de susto y la reconocí, era mi madre que acababa de descubrir mi secreto.

- No te preocupes hijo –me dijo inmediatamente y tranquila- no te preocupes, esta bien lo que haces –diciendo eso se retiró.

Cuando regresé a mi casa, mi madre estaba en la sala leyendo un libro, no sé si me esperaba pero ahí estaba y me sentí en la obligación de explicarle todo. Ella me escuchó tranquilamente y no me reprendió por nada, me entendía y sabía de mi altruismo. Cuando ya todo estaba entendido me preguntó:

- ¡¿Y qué le pasó en la cola a ese pobre gato?!
- No lo sé –le respondí muy triste- no lo sé. Así lo encontré.
- Y cuál es su nombre –me volvió a preguntar-
- Tampoco lo sé.

Nuestro dialogo cambió de rumbo y mi madre a partir de esa conversación entendía mi salida diaria, hasta que un día, al ver que se pasaba la hora y que aún no preparaba el alimento para el gato, me dijo:

- ¡Hoy no le llevarás alimento para el “Mocho”!
- Sí - respondí enfáticamente- sí voy a llevarle
- Y por qué demoras tanto –me dijo preocupada-
- Porque estoy calentado su comida.

Desde aquel día el pobre gato que encontré a la ribera del río se le conoció como el “mocho”. Un gato triste, perdido, sin cola, pero alegre de tener un amigo como yo.

miércoles 5 de septiembre de 2007

PRAXIS


© Ronald Castillo Florián

La conocí cuando aún vestía en pañales, cuando aún no me daba cuenta de su exótica belleza, cuando mi cerebro solo pensaba en destrozos apocalípticos y no en el amor universal que hoy le profeso. Fue en un lugar lejano allá por el sur donde nací y crecí sin tener más recuerdo que eso. Y Fue mas bien en su tierra, también en el sur, un poco más allá, precisamente en Ica donde después de poner el primer pie juré no mudarme jamás ni olvidarme de tanta belleza.
Desde aquel día donde nuestros destinos confabularon para unirnos y luego de haber contemplado su rostro angelical, desde aquel día juro por Dios, no he dejado de pensar ni de alabar tanta majestad que su rostro refleja.
Hoy… hoy ella está conmigo, a mi lado, en mi sangre, en cada latido, en mi cuerpo, en mi vida… hoy, y después de tantos años, me he prometido no tener más destino que su destino y que nuestro rumbo será nuestro y solo nuestro hasta el infinito.
Miles de veces he gritado al cielo el júbilo mágico de ser su dueño/esclavo y de despertar junto a ella sintiendo el calorcito de su pecho caliente derritiendo mi pecho de chocolate que endulza su vida.
Lo sé, somos dos extraños que deambulan en este mundo sin más propósito que amarse sin importar que algún descarado censure nuestro cariño. También lo sé, somos dos en uno sin divisiones, que ni suman ni restan ni dividen y que se aumentan sin partirse ayudando a latir el pecho del mundo herido.
En resumen, desde que nací, no he sido nunca yo, porque desde el momento que abrí mis ojos, sus ojos se posaron en los míos capturándolos para no tener más reflejo que su imagen anclada en mi alma y que ésta al final de los tiempos reclamará como suya en su morada celestial porque de ahí salio y regresará para no irse jamás.

El mirarte es vivir y morir, morir y vivir, y no sé que cosas más, algo que nunca, aunque lo intente, podré escribir ...

miércoles 1 de agosto de 2007

TE EXTRAÑO

© Ronald Castillo Florián

Para Lili

Te extraño tanto que me parece un milenio de no verte.
Te extraño tanto que me estoy desesperando a raudales el no sentir tus pechos latiendo junto al mío.
Te estoy extrañando tanto que me voy quemando de frío por no tener tu calorcito abrigándome los sueños.
Te extraño tanto maldita sea que me muero y vivo con la esperanza de verte.
Te extraño tanto que si no te extraño no siento vida ni respiro porque eres el mundo donde me muevo.
Te extraño tanto y no me canso de hacerlo porque eres lo que soy y no eres lo que no soy.
Te extraño tanto y no tengo miedo pero sí pavor porque tal vez no regreses.
Te extraño tanto y vuelvo a hacerlo aunque me mienta en tu regreso.
Te extraño tanto
Te extraño tanto
Te extraño tanto que sino lo hago me muero en un instante y recupero la vida con tu regreso.


Te
extraño
tanto
tanto que soy un tonto haciéndolo porque tu regreso es inminente.
Te extraño tanto te extraño tanto te extraño tanto porque eres mi vida en el sentido exacto de vivir.
Te extraño tanto y lo haré siempre porque un minuto sin mirarte es una vida sin respirar.
Te extraño tanto ahora siempre, siempre y ahora y de aquí para toda la vida esperando tu regreso.
Te extraño tanto amada mía porque aún no vienes...

domingo 29 de julio de 2007

MAMÁ



© Ronald Castillo Florián

Aquella tarde, tendido en la cama –si es que se puede decir cama a un pedazo de esponja tirada en el piso que humildemente calienta nuestras noches- no dejaba de pensar en cómo hacer para conseguir el sacro santo alimento diario si lo único interesante que aprendí en mi vida es vegetar el pensamiento y plasmarlo en un pedazo de papel mal cortado que termina perdiéndose en el olvido.

Ahí tirado imaginando mundos espectaculares, a la espera de tu regreso, solo miraba la pared celeste con manchas blancas que algún pintor improvisado derramó sin censura y que me daban sensación de claustrofobia, no atinaba nada más que pensar y soñar y seguir pensando y seguir soñando.

Ahí tendido al olvido lamentando el hacer nada comencé a sentir algo extraño en el estómago, como un pequeño dolorcillo ingrato que se esforzaba en moverme de mi estado catártico, lentamente levanté el brazo, me acomodé la sábana viré a otro lado y decidí cerrar los ojos ante aquel extraño y escurridizo e improvisado dolor.

Aquella extraña sensación se hizo estática, no tan fuerte, no tan débil pero estática que casi y a veces pasaba desapercibido. No sé cuanto tiempo transcurrió, pero ya era toda una vida que te habías marchado y aún no regresabas y la sensación de soledad unido al dolor me hacían infeliz en cada respiro.

Casi al punto del colapso y de la hipotermia cardiaca abriste la puerta, me miraste sorprendida y me preguntaste del por qué no me había levantado, yo con mi típico rostro de niño asustado te dije que vinieras y te acostaras a mi lado, tú –gracias a dios- no lo dudaste y en ese mismo instante te desnudaste y cual diosa te acostaste junto a mí y tu piel desnuda hizo que mi cuerpo se erizara al punto de sentir frío/calor.

Nos miramos fijamente, pensé en hacerte el amor en ese mismo instante, y cuando empecé a tocar tu rostro aquel dolor abdominal que tenía se hizo demencial, me preguntaste qué me pasaba y tanto era el dolor que no podía hablar, no sabías qué hacer, te desesperabas y yo gritaba, hasta que de pronto, sentí ganas de vomitar, no entendías por qué estaba así, te quedaste muda cuando empecé a abrir la boca y al ver que de ella salía una bolsa inmensa.

Algo extraño había pasado, qué era eso, nos miramos anonadados, yo estaba más asustado aún por haber sacado eso de mi cuerpo. Tú sin dudarlo decidiste abrirlo para ver que había adentro ya que aquella bolsa empezaba a latir como si tuviese vida. Cogiste el bisturí y nuestra sorpresa fue enorme al ver que dentro de ella había una niña, una dulce niña que al vernos empezó a llorar.

La cogiste con mucho cuidado, me pediste que buscara toallas limpias, le hiciste cariño, la niña empezó a sonreír y de pronto te quedaste seria, como entendiéndolo todo, me miraste como nunca lo habías hecho, yo me quedé asustado al ver tu reacción y por fin dijiste:


- ¡Ahora lo entiendo! ¡Ahora lo entiendo! ¡Ahora lo entiendooooo!
- ¡¿Entiendes qué?! –te pregunté-
- Ahora lo entiendo, lo que pasa es que a ti te toca ser mamá.

-FIN-

sábado 28 de julio de 2007

¿DÓNDE ESTÁ LA REINA?


© Ronald Castillo Florián

La reina ha partido dejándome el corazón herido
Llevándose consigo un ejemplar de lectura
un texto a mitad leído
un vacío
un vacío
dejando su vacío.

¿Dónde está la reina?
Está en el sur
Y mi corazón adormitado
sueña
piensa
espera…

La reina ha partido
La reina ha viajado

jueves 26 de julio de 2007

GEPHYROFOBIA


© Ronald Castillo Florián

La encontré llorando, muy triste y desesperada, parecía que la vida se le iba en ese instante. Mientras yo me acercaba ella miraba el cielo y su alma, como si ese momento fuese el final de su vida, no se percataba aún que yo me estaba acercando, que iba en su rescate, y ella muy fiel a su estilo “disfrutaba” cada lágrima y cada suspiro de su dolor.
Antes de acercarme dudé si debía hacerlo. Me detuve a unos metros de distancia y me quedé observándola, tratando de imaginar a qué se debía su llanto, pero ella concentrada en su labor nostálgica lloraba, moqueaba y suspiraba sin importarle que muchos transeúntes la miraran como una loca que no tiene vergüenza. Me quedé ahí contemplándola y admirándola, siempre he querido ser valiente como ella, donde el qué dirán vale madre y los sentimientos manifestados salen naturalmente.

No sabía si acercármela o irme del lugar, la miraba tan “feliz” en su dolor que la duda me asaltaba, ¿Será justo que llegue y la rescate ahora que ella llora libremente? ¿Será justo que yo llegué como su héroe y le seque esas lágrimas benditas que le gustan tanto?; así estaba en esas cavilaciones cuando de pronto ella notó que alguien la observaba, y al voltear me quedó mirando como si yo fuese un fantasma, abrió la boca, dio un suspiro, caminó hacia mí tan lentamente que pensé que pasarían horas hasta que llegase a mi lado. Yo quise ahorrarle el tiempo, así que raudamente me acerqué a ella, la miré fijamente, le sequé sus lágrimas diciéndole que no se preocupe que yo estaba ahí, justo ahí para que siga llorando o para servirle de consuelo.

Ella se calmó, unas lágrimas más se le escaparon pero ya estaba tranquila, fue entonces que le pregunté qué es lo que le había sucedido, y me respondió que no le gustaban los puentes, que pasar debajo de ellos le causan mucha tristeza, que siente como si un animal inmenso se la tragara y después la arroja como si no sirviese nada, que esos puentes asquerosos donde muchas hombres mean sin temor a ser vistos le causa pánico, asombro, dolor y le produce mucho llanto.

Al escucharla no sabía si ella me estaba inventado todo eso o simplemente me decía la verdad, así que todo su argumento lo escuchaba con escepticismo. Se dio cuenta de mi reacción, se puso seria y me volvió a decir:

-¿Crees que estoy loca no?
- No creo que estés loca –le respondí suspirando- el que está loco soy yo por no creerte.


- FIN -

miércoles 25 de julio de 2007

SIMPLEMENTE


© Ronald Castillo Florián

Ya tenía veinticinco años y aún no lo aparentaba. No sé qué diablos había hecho o qué pacto maléfico había realizado para conservar esa lozanía en su cuerpo. Todo aquel que la observaba por primera vez creía que se trataba de una adolescente ya que su enigmática belleza perpetuada en el tiempo encandilaba, hechizaba, destruía y sobre todo me dejaba turulato.

Yo no entendía qué era aquello que me atraía, tal vez su eterna juventud, su belleza singular, su alegría irradiante sumada a su encaprichada manía de deprimirse la hacía la mejor fémina que se había cruzado en esta esfera terrena.

Yo la conocí cuando aún ni podía ponerse en pie, recuerdo bien las veces que excitada por su aventura llegaba donde su madre enseñándole sus éxitos irreconocibles hechos con el barro. Recuerdo, también que en aquella época solamente era una niña como las demás niñas, sucia, descuidada, pero sin importarme en lo mínimo en su quehacer.

Ahora el destino me ha hecho una buena/mala jugada, la he vuelto a encontrar. Sucedió una tarde como cualquier tarde en un lugar cualquiera, cuando la vi y la volví a ver prometiéndome ahí mismo no dejar de verla jamás. No sé cómo hice para que ella se enamore de mí, ni como hizo ella para enamorarme de ella, lo cierto es que estamos juntos, muy juntos, pasando la vida, los años, yo envejeciendo y ella siempre joven enarbolando esa belleza del cual yo me ufano todos los días y en donde me he declarado un reo perpetuo.

Es tan delicioso despertar a su lado, mirarla silenciosamente, amarla profundamente y sentir su cuerpo calentar el mío protegiéndolo como una madre a su hijo en pleno frío. Todas las noches ella se enreda a mí como una vid, no me suelta y me besa tiernamente pronunciando un TE AMO que me termina por derretirme acabando mi vida en ese instante para volver a nacer consagrándome a sus labios. Es tan sublime sentirse amado por ella que en nuestro lecho sólo existe un deseo universal: de amar y solo amar hasta el final y si es posible traspasar el final porque no hay fin para tanta pasión.

Ella es mi mujer, mi hija, mi ración de manjar diario, mi esencia vital, mi aire primordial, mi pecado principal, mi aventura idílica, mi epopeya abismal, mi sentencia secreta, mi precipicio demoníaco, mi incendio helado, mi muerte y resurrección, mi calor dominguero, mi café de todos los días, mis pies, mi escritura, mis manos, ella es mi todo en todo porque sin su presencia ni su belleza secreta no podría vivir. Así es Lili, simplemente Lili para toda la vida.


-FIN-

miércoles 11 de julio de 2007

LA SANTA QUE NO SABE HACER MILAGROS


© Ronald Castillo Florián

LA CONOCÍ en un lugar que nunca pensé conocerla, en mi habitación. No sé como fue a parar ahí, lo cierto es que me sorprendí ese veinte de diciembre exactamente al medio día, cuando regresaba de mis últimas clases de la universidad. Ahí estaba ella, toda tímida y con la mirada tierna como diciéndome que no me sorprenda, que estaba ahí porque quería ayudarme. Recuerdo muy bien es